Siendo su sonido tan agudo y personal. Solo placer me da tocarlo. Sentir ese sonido que hace feliz. Cada vez que lo toco pienso en ti, toco para ti. Con una mirada valoró las posibilidades, lo afinó, lo preparó y tocó una pieza asombrosamente bella.
No es difícil que cada uno de nosotros, profundizando un poco en sí mismo, reconozca que no está rindiendo al máximo de sus posibilidades. Somos en muchas ocasiones como un viejo violín estropeado, y nos falta incluso algunas cuerdas. Somos un instrumento flojo, y además con frecuencia desafinados intentamos tocar algo serio en la vida, salen unos ruidos desprovistos de armonía. Y al final, cada vez que hacemos algo, necesitamos también pasar nuestra agujereada boina; necesitamos aplausos, consideración, halagos. Nos alimentamos de esas cosas; y si los que nos rodean no lo hacen mucho, nos sentimos defraudados; viene el pesimismo. Comprobamos que nuestra vida es bella y grandiosa cuanto somos instrumentos perfectibles y, si nos proponemos ser mejores, lucharemos constante e incansablemente por ser, un violín cada vez mejor afinado.